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Salvador Dalí
Fab Ciarolo

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La víbora de cabeza cobriza ataca solamente a un cazador. Los demás siguen con lo suyo. De nuevo anoche, el pájaro, ¿estaba cegado? ¿Por eso decidí matarlo?
John Cage, Escritos al oído.

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Me he preguntado cómo habría retratado ese momento mi hermano Antonio, y me he dicho que sin duda habría recurrido a ese truco tan suyo −copiado por cierto de Gombrowicz− consistente muchas veces en mezclar los hechos narrativos con un tema cercano al ensayo literario y, valiéndose de su nada desdeñable imaginación y también de su capacidad para la asociación delirante y gratuita entre las cosas más dispares,, resolver el texto con un pensamiento final, que en ocasiones era muy brillante y e inteligente pero en otras, todo sea dicho, escandalosamente superficial.
En el caso del paseo por el mercado de Sineu de esta mañana, no habría sido extraño que hubiera dicho, por ejemplo, que, camino de esa histórica población, no hacía más que interrogarse acerca de la interesante cuestión del ansia obsesiva de los escritores por el reconocimiento y el aplauso.
Enrique Vila-Matas, Lejos de Veracruz

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La segunda era industrial será la era de la armonía, y no ha hecho más que comenzar
Le Corbusier

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Hay que ver lo difícil, lo extraordinario que es escribir algo divertido y ameno. La gente no queire creerlo así. Supone que es mucho más serio lo que le aburre que lo que le divierte, considera mucho más lógico que un señor gane cuatro mil duros por dormirse unas horas en un sillón que por escribir algo. Si a la mayoría le enseñan un mamotreto de abogado ilegible y le dicen: “Por esto ha cobrado diez mil duros”, le parecerá muy natural; pero si le mostraran una novela de cien páginas de Turguenef o un sainete de Molière y le dijeran: “Por esto se ha cobrado diez mil duros”, le parecería absurdo.
Mucha gente cree lo mismo, pero sigue pensando que los inútiles deben tener la compensación de los buenos sueldos. se piensa, también, que un poco de miseria es cosa buena para el escritor y que el régimen de pan y agua aviva el cerebro y aligera la vista.
¿No es la tradición literaria que el literato se muera de hambre?
En esto, como en todo lo demás, yo soy antitradicionalista.
Pío Baroja, Las horas solitarias (diario)

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Marcel Duchamp
Anemic Cinema

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[…] También me gustaría preguntarle cuándo podrá facilitarme la continuación de “SODOMA” para su composición. Me gustaría aprovechar las vacaciones para preparar este volumen, con el fin de que pueda aparecer en la fecha que usted prefiera.
Con mucho cariño,
Gaston Gallimard (24.6.1922)

[…] 4.º No puedo deciros nada de mi libro. Mi accidente tuvo lugar el 2 de mayo y ya sabe lo que he sufrido sin tregua desde entonces. He tenido dos días buenos entre tanto. Y luego me volvió a subir la fiebre reumática (¿cómo va? mucho mejor). Tengo el manuscrito o, mejor dicho, la dactilografía completa (y el manuscrito también) de este volumen y del siguiente, ya que como se acordará para ello contraté a una dactilógrafa. Pero el trabajo de corrección de esta dactilografía, en la que hago modificaciones por todas partes y cambia todo bastante apenas ha comenzado. Es cierto que ella
trabaja muchísimo. Pero para qué le voy a hacer preparar las planchas inútilmente si puedo corregirlo todo ahora en la dactilografía. (25 junio 1922)

Correspondencia entre Marcel Proust y su editor, Gaston Gallimard