Carmelita

Ayer en la calle, cerca ya de casa, con sensación de calor. Feliz porque había visto a mis amigas después de las vacaciones. Aturdida por la barbarie. Una de cal y otra de arena. Cuesta sentirse hundida o pletórica del todo.

Y cayó otra de cal.

Carmelita, una mujer de algo más de 70 años, cayó en pleno Paseo de Extremadura y dio con toda la dulzura de su rostro arrugado contra el asfalto.

Nos podía haber pasado a cualquiera porque ese paso de peatones, como muchos otros en esta ciudad, está llena de baches excepcionalmente profundos (hablo de al menos cinco centímetros, que se dice pronto).

Pero le pasó a ella, porque sus pasos son más cortos y torpes, aunque no menos atrevidos. Por suerte no se rompió nada, pero se había desollado la nariz y la frente, sangraba y lloraba de un llanto seco y asustado.

Iba con una amiga, se conocen desde los dieciséis años. No quiso que llamáramos a la ambulancia ni la acompañáramos al ambulatorio porque su hermano estaba en el bar de la esquina y además tenía que pasar antes para echar la quiniela.

Y eso hizo.

Cuando pareció que se cortaba la hemorragia, Carmelita se levantó, se colgó el bolso y se fue al puesto de loterías antes de buscar a su hermano.

P. D. Faringitis casi curada. Aunque del antibiótico no me libra nadie por unos días aún.