Lagunas en la red (III)

Estas últimas semanas en las que he estado completamente ausente os habéis puesto filosóficos, queridos:

1. El tiempo es la ausencia de dinero. [Al tiempo solo puedes matarlo o follártelo.]

2. Sobrevivir en una jungla de cemento. [Eso creo que es de alguna peli de Bruce Willis.]

3. El vientre carece de oídos. [A Dios gracias…]

4. Observar [Si sigues haciendo búsquedas tan abiertas rompes Google en cuatro días, chaval.]

Otros habéis estado un poco inquietos:

5. Máquinas canora. [Como esto no sabía qué diantres es, tuve que tirar de Google (tampoco es una novedad, esto) y el caso es que Canora es una empresa de productos industriales que hacen cacharritos bastante variados y de aspecto curioso. Lo que no sé es cómo llegó al blog esta búsqueda, si no creo haber puesto nada relacionado con esto.]

6. Pollo desplumado problema [Claramente es un problema, para el pollo en concreto.]

7. Qué pasa si soplo el agua. [Tú sopla, sopla hasta que se acabe el aire.]

Y otros tantos sois mucho más prácticos:

8. Cine 3 euros Cuadernillos [Todos los jueves a 3 euros y los miércoles hasta el 9 de julio, a 4)

9. Queso parecido al Comté [el gruyère suizo es muy similar y el nuevo García Baquero Maestro, el Viejo, te hace un buen apaño a un precio muy asequible.]

10. Ejercicios de estilo Queneau soneto [Por cierto, Blackie Books acaba de publicar una excelentésima edición de Obras completas de Sally Mara, así que ya estás tardando… En versión de Antonio Fernández Ferrer:

Subido al autobús, por la mañana,
entre golpe, cabreo y apretón,
me encuentro con tu cuello y tu cordón,
lechuguino chuleta y tarambana.

De improviso y de forma un tanto vana,
gritando que te ha dado un pisotón,
provocas a un fornido mocetón
que por poco te zurra la badana.

Y vuelvo a verte al cabo de dos horas
discutiendo con otro pisaverde
acerca del gabán que tanto adoras.

Él critica con saña que remuerde;
tú te enojas, fastidias y acaloras
y, por toda respuesta, exclamas: “Merde!”.]

 

DOMINGUS CLXXVIII

RELATO

Una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S (en la actualidad el 84), observé a un personaje con el cuello bastante largo que llevaba un sombrero de fieltro rodeado de un cordón trenzado en lugar de cinta. Este individuo interpeló, de golpe y porrazo, a su vecino, pretendiendo que le pisoteaba adrede cada vez que subían o bajaban viajeros. Pero abandonó rápidamente la discusión para lanzarse sobre un sitio que había quedado libre.
Dos horas más tarde, volví a verlo delante de la estación de Saint-Lazare, conversando con un amigo que le aconsejaba disminuir el escote del abrigo haciéndose subir el botón superior por algún sastre competente.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

SONETO

Subido al autobús, por la mañana,
Entre golpe, cabreo y apretón,
Me encuentro con tu cuello y tu cordón,
Lechuguino chuleta y tarambana.

De improviso y de forma un tanto vana,
Gritando que te ha dado un pisotón,
Provocas a un fornido mocetón
Que por poco te zurra la badana.

Y vuelvo a verte al cabo de dos horas
Discutiendo con otro pisaverde
Acerca del gabán que tanto adoras.

Él critica con saña que remuerde;
Tú te enojas, fastidias y acaloras
Y, por toda respuesta, exclamas: «¡Merde!»

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

FILOSÓFICO

Sólo las grandes ciudades pueden presentar a la espiritualidad fenomenológica las esencialidades de las coincidencias temporales e improbabilísticas. El filósofo que sube a veces en la inexistencialidad fútil y utilitaria de un autobús S puede percibir en él con la lucidez de su ojo pineallas apariencias fugitivas y decoloradas de una conciencia profana afligida por el largo cuello de la vanidad y por la trenza sombreril de la ignorancia. Esta materia sin verdadera entelequia se lanza a veces con el imperativo categórico de su impulso vital y recriminatorio contra la irrealidad neoberkeleyana de un mecanismo corporal inapesadumbrado de conciencia. Esta actitud moral arrastra al más inconsciente de los dos hacia una espacialidad vacía donde se descompone en sus átomos elementales y ganchudos.

La indagación filosófica prosigue normalmente con el encuentro fortuito pero anagógico del mismo ser acompañado de su réplica inesencial y costurera, la cual le aconseja nouménicamente transponer al plano del intelecto el concepto de abrigo situado sociológicamente demasiado bajo.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

METAFÓRICAMENTE

En el centro del día, tirado en el montón de sardinas viajeras de un coleóptero de abdomen blancuzco, un pollo de largo cuello desplumado arengó de pronto a una, tranquila, de entre ellas, y su lenguaje se desplegó por los aires, húmedo de protesta. Después, atraído por un vado, el pajarito se precipitó sobre él.
En un triste desierto urbano, volví a vedo el mismo día, mientras se dejaba poner las peras a cuarto a causa de un botón cualquiera.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

TÁCTIL

Los autobuses son suaves al tacto, sobre todo si se los coge entre los muslos y se les acaricia con las dos manos, de la cabeza a la cola, del motor a la plataforma. Pero cuando uno se encuentra en la plataforma se advierte entonces una cosa más áspera y basta que es la chapa o barra para apoyarse, y luego algo más abultado y elástico, que es una nalga. Algunas veces hay dos, entonces se pone la frase en plural. También se puede agarrar un objeto tubular y palpitante que regurgita unos ruidos estúpidos, o bien un utensilio de espirales trenzadas más suaves que un rosario, más sedosas que un alambre espinoso, más aterciopeladas que una cuerda y más finas que una maroma. O, incluso, puede tocarse con el dedo la estupidez humana, ligeramente viscosa y pegajosa, a causa del calor.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

PALABRAS COMPUESTAS

Yo me platautobusformaba comultitudinariamente en un espaciotiempo luteciomeridiano vecinando con un longuícolo mocoso fieltrosombrereado y cordonotrenzón. El cual altavoceó a un tipofulano: «Usted me empujaparece.» Tras eyacular estó, se sitiolibró vorazmente. En una espaciotemporalidad posterior, volví a verloo mientras se sanlazaroestacionaba con un X que le decía: «Deberías botonsuplementarte el abrigo.» Y le porquexplicaba el asunto.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo

DESENVUELTO

I.
Subo al Autobús.
—Va a Champerret, ¿no?
—¿No sabe usted leer?
—Perdone. Taladra mi billete sobre su tripa.
—Tenga.
—Gracias.
Miro a mi alrededor.
—¡Eh, oiga!
Lleva una especie de galón alrededor del sombrero.
—¿No podría ir con cuidado?
Tiene un cuello muy largo.
—¡Basta ya! ¿No?
Entonces se precipita sobre un sitio libre.
—Pues vaya. Me digo.
Subo al autobús.
—¿Va a la plaza de la Contrescarpe?
—¿No sabe usted leer?

II
—Perdone.
Hace funcionar su organillo y me devuelve mi billete con una cancioncilla taladrada.
—Tenga.
—Gracias.
Pasamos delante de la estación de Saint-Lazare.
—Mira, el tipo de antes.
Aguzo las orejas.
—Deberías hacerte poner otro botón en el abrigo.
Le enseña dónde.
—Tu abrigo está demasiado escotado.
Es verdad.
—Pues vaya.
Me digo.

Raymond Queneau, Ejercicios de estilo