DOMINGVS CLXV

Salvador Dalí
Fab Ciarolo

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La víbora de cabeza cobriza ataca solamente a un cazador. Los demás siguen con lo suyo. De nuevo anoche, el pájaro, ¿estaba cegado? ¿Por eso decidí matarlo?
John Cage, Escritos al oído.

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Me he preguntado cómo habría retratado ese momento mi hermano Antonio, y me he dicho que sin duda habría recurrido a ese truco tan suyo −copiado por cierto de Gombrowicz− consistente muchas veces en mezclar los hechos narrativos con un tema cercano al ensayo literario y, valiéndose de su nada desdeñable imaginación y también de su capacidad para la asociación delirante y gratuita entre las cosas más dispares,, resolver el texto con un pensamiento final, que en ocasiones era muy brillante y e inteligente pero en otras, todo sea dicho, escandalosamente superficial.
En el caso del paseo por el mercado de Sineu de esta mañana, no habría sido extraño que hubiera dicho, por ejemplo, que, camino de esa histórica población, no hacía más que interrogarse acerca de la interesante cuestión del ansia obsesiva de los escritores por el reconocimiento y el aplauso.
Enrique Vila-Matas, Lejos de Veracruz

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La segunda era industrial será la era de la armonía, y no ha hecho más que comenzar
Le Corbusier

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Hay que ver lo difícil, lo extraordinario que es escribir algo divertido y ameno. La gente no queire creerlo así. Supone que es mucho más serio lo que le aburre que lo que le divierte, considera mucho más lógico que un señor gane cuatro mil duros por dormirse unas horas en un sillón que por escribir algo. Si a la mayoría le enseñan un mamotreto de abogado ilegible y le dicen: “Por esto ha cobrado diez mil duros”, le parecerá muy natural; pero si le mostraran una novela de cien páginas de Turguenef o un sainete de Molière y le dijeran: “Por esto se ha cobrado diez mil duros”, le parecería absurdo.
Mucha gente cree lo mismo, pero sigue pensando que los inútiles deben tener la compensación de los buenos sueldos. se piensa, también, que un poco de miseria es cosa buena para el escritor y que el régimen de pan y agua aviva el cerebro y aligera la vista.
¿No es la tradición literaria que el literato se muera de hambre?
En esto, como en todo lo demás, yo soy antitradicionalista.
Pío Baroja, Las horas solitarias (diario)

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Marcel Duchamp
Anemic Cinema

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[…] También me gustaría preguntarle cuándo podrá facilitarme la continuación de “SODOMA” para su composición. Me gustaría aprovechar las vacaciones para preparar este volumen, con el fin de que pueda aparecer en la fecha que usted prefiera.
Con mucho cariño,
Gaston Gallimard (24.6.1922)

[…] 4.º No puedo deciros nada de mi libro. Mi accidente tuvo lugar el 2 de mayo y ya sabe lo que he sufrido sin tregua desde entonces. He tenido dos días buenos entre tanto. Y luego me volvió a subir la fiebre reumática (¿cómo va? mucho mejor). Tengo el manuscrito o, mejor dicho, la dactilografía completa (y el manuscrito también) de este volumen y del siguiente, ya que como se acordará para ello contraté a una dactilógrafa. Pero el trabajo de corrección de esta dactilografía, en la que hago modificaciones por todas partes y cambia todo bastante apenas ha comenzado. Es cierto que ella
trabaja muchísimo. Pero para qué le voy a hacer preparar las planchas inútilmente si puedo corregirlo todo ahora en la dactilografía. (25 junio 1922)

Correspondencia entre Marcel Proust y su editor, Gaston Gallimard

04 TEA

04: No volver nunca. A los lugares en los que fuimos felices o desdichados, por eso de mantener la nostalgia. Yo no volveré nunca a Veracruz, como Enrique Tenorio, solo por eso de mantener la nostalgia, aunque yo no he estado nunca allí y él lo afirmaba solo por eso de tener un lugar que añorar, como recurrente recurso literario: “Pero no pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte”.

Pero fíjate bien cómo Veracruz se parece demasiado a lugares que amo demasiado como para renunciar a ellos… Creo que no sería mala idea sentir nostalgia de Veracruz como transposición simbólica de esas ciudades a las que deseo volver y volver, volver y volveeeeeeeeeeeer:

Veracruz, desde hoy y para siempre, serás mi ciudad prohibida, la de los bellos recuerdos y las tristezas impasibles.

Aunque empiezo a constatar, después de mucho tiempo sospechándolo, que tiendes, tendemos, a engañarnos demasiado con demasiada frecuencia, que a estos pequeños cuerpos sin almas certificadas les resulta demasiado fácil pervertir sus estados de ánimo (ANIMAE CONFIRMATAS NUNQUAM ANIMAE ERUNT) y proyectar aquello que, aun inconscientemente, están deseosos de experimentar. Y así nos luce el pelo. Pero creo que la demasiada literatura puede conducirnos a un estado de distanciamiento tal que nos haga capaces (si no de volvernos locos, como algún caso se atestiguó en más de un tiempo y lugar) de reírnos de nosotros mismos y huir de los desatinos impostados. No sin hallar cierto riesgo en tanta cordura: “¡Pobre Antonio! No sabía que el sentido común sólo lleva al suicidio.”.

Y no son menos quienes se han suicidado porque sus supuestas almas les dictaron que, mejor que dejar pasar el tiempo para curar las heridas, la solución más adecuada era marcharse por la puerta de atrás, dando un portazo, mientras su encolerizada dama bajaba aún por las escaleras que conducían a una nueva vida libre de sus brotes de genialidad y mala leche. ¿O qué otra fuerza desastrosa podría haber llevado al (supuestamente, también) lúcido Larra a cometer tremendo atropello?

Uno y otro extremo, radical locura, extralimitada cordura, nadie va a querer explicármelas; pero ahí están. Y son peligrosas. Y entre tanto la vida sigue y tenemos decisiones que tomar:

“Sabemos que es así, pero nos da igual. Porque, en momentos como ese, uno no calla. Al diablo con Beckett. Bamba, la bamba, la bamba. Y brota la palabra.”


De Vila-Matas nunca sabremos si está demasiado cuerdo o excesivamente loco. Fotografiado por Daniel Mordzinsky.