Madrugón feliz

Despertarse pronto sin ninguna obligación.

Un lujo que antes desperdiciaba por rebañar unas horas de sueño que hacía horas que ya era excesivo.

En Navidad, sin tener que ir a trabajar, sintiendo algo de frío en las orejas, pasando por calles casi vacías, un rato antes de que se colmen hasta la madrugada. Madrid es un lujo cuando puedes conocerla de tú a tú, cuando conoces las calles por las que hay que pasar para estar tranquila aun cuando es hora punta.

Los sábados por la mañana, cuando el sol te ciega hasta que doblas la esquina adecuada y te das cuenta del momento exacto en el que empieza a calentar. Y entonces ya puedes ir corriendo al Palentino a tomar un café, cuando todo es tan diferente a las risas vespertinas de botellín y bocadillo de lomo.

Y mañana es domingo, y habrá que repetir.

Ayer estuvimos en Madrid. Fue sencillamente genial. Y encima hizo buen tiempo, aunque no hicimos ninguna foto. Quién las necesita cuando cada día es mejor que el anterior y la rutina se convierte en una sublime repetición de lo que nos hace felices.