RIP: Gallimard y Nadeau

Está siendo un auténtico junio negro este del 2013 para la edición francesa. La española ha ido mejor, que pese a la bajada del 20 % en las ventas en librerías en lo que va de año, la Feria del Libro ha supuesto un pequeño respiro pues ha conseguido vender un 9,3% más respecto del año anterior, aunque eso realmente no significa mucho. Esperemos a ver qué cuentan los expertos en cuanto tengan datos suficientes para extraer conclusiones…

Yo a lo que iba, antes del inciso, es que dos grandes editores de las letras francesas han muerto en apenas una semana: Robert Gallimard y Maurice Nadeau. Si a eso le sumamos la muerte de Tom Sharpe y la del escritor de ciencia ficción escocés Iain Banks, así como la del israelí Yoram Kaniuk —en España ha publicado alguons de sus libros la editorial Libros del Asteroide—, no solo ampliamos el círculo sino que parece mucho más comprensible la sempiterna cantinela que afirma que la literatura, la novela, más concretamente, se muere —si quieren carcajearse celebrándolo, lean Dublinesca—.

J-P. Sartre y R. Gallimard haciéndose cariñitos.

J-P. Sartre y R. Gallimard haciéndose cariñitos.

Robert  Gallimard, sobrino de Gaston Gallimard —el fundador de la celebérrima y celebrada editorial Gallimard, que en la actualidad es ya el tercer grupo editorial en Francia—, falleció el sábado pasado con 87 años y una interesantísima carrera a sus espaldas. Desde luego no fue el único sobrino que entró a formar parte de la editorial —él lo hizo en el 1949—, pero sí desde luego el que supo abanderar el gusto literario de la casa y siempre fue una pieza fundamental en las decisiones del grupo, tanto con Gaston como con el nieto de este, Antoine, que en la actualidad es el presidente del grupo, sobre todo a nivel literario. De hecho, fue él el principal interlocutor de la editorial con autores de la talla de Sartre o Romain Gary; fue de él la idea de retomar la Biblioteca de La Pléiade. Dicen que se sentaba junto al tío Gaston, cuando este ya comenzaba a perder fuerzas físicas —se dice que no  perdió jamás su instinto literario—, en las reuniones que celebraba el comité de lectura de la NRF —Nouvelle Revue Française, sello estandarte de Gallimard—, cada martes a las cinco de la tarde, y le iba repitiendo las palabras que los miembros del comité exponían sobre las lecturas de los últimos manuscritos.

Maurice Nadeau

Maurice Nadeau

Maurice Nadeau es EL maestro. Llevaba consagrado al oficio de la edición nada más y nada menos que 65 años; ha muerto con la nada desdeñable edad de 102 años pero lo más admirable es que hasta hace muy poco tiempo seguía luchando por que su revista literaria, La Quinzaine littéraire, no desapareciese —como podéis ver, siguen buscando socios a la desesperada en su página web para evitarlo. Mejor suerte corrió su editorial Maurice Nadeau, —fundada en 1977 como Les Lettres Nouvelles—, donde se publicó la primera novela de Michel Houellebecq, entre muchas otras novelas de autores de la talla de Coetzee, cuando estos aún no eran un autores reconocidos. También fue descubridor de Samuel Beckett y de Georges Perec, así que podréis entender lo triste que me siento por la pérdida de alguien con la grandeza de espíritu de Nadeau. Aún mayor es su reconocimiento como crítico y agitador literario, pues no deja de ser, junto con André Breton, uno de los fundadores del surrealismo.

Es maravilloso escucharlo en esta entrevista grabada en 2011, con una lucidez y viveza impensables para los 100 años que tenía entonces, que no dejan de notársele por la ternura y la mirada que de vez en cuando se le extravía. Aunque no lo entendáis, creo que merece la pena dedicarle siquiera unos minutos:

DOMINGVUS CCXI

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Me habéis robado el silencio
Hegard Demetz

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LA MUERTE DE OTRO PERRO

Llevaba días muriendo la pobre y vieja perra, su espalda atenazada hasta la espina
y arqueada para aliviar el dolor,
sus riñones secos, su hocico blanco.
Finalmente me llevé una pala al bosque y le cavé una tumba

en preparación para lo seguro.
Ella me acompañó, yo no lo esperaba.
De hecho, con los niños fuera,
estas expediciones eran escasas, y la perra
esterilizada de joven, desconocía la palabra no humana para el amor.

Consiguió que sus patas rígidas trotaran y meneó su rabo doblado.
Encontramos un lugar que nos gustaba, donde los pinos se encontraban con el campo.
El sol calentaba su pelaje mientras daba cabezadas y yo cavaba;
le tallé un lugar seguro mientras ella me protegía.

Medí su longitud con el mango de la pala;
se espabiló divertida, y olisqueó el montón de tierra.
De vuelta en casa parecía más animada
pero tuvo acadas comiendo. Llamamos al veterinario unos días más tarde.

Eran viejos amigos. Ella le dio la para, y él
le inyectó un fluido violeta. Se desmayó en la hierba;
vimos su respiración acelerada ralentizarse y cesar.
En la carretilla, de camino al agujero, su pelaje cálido brillaba.

John Updike

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El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando.

Miguel de Unamuno

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Nos referimos a «el perro con la pata dolorida» o «el pájaro con el ala rota», pero ni el perro ni el pájaro piensan en sí mismos de ese modo. Cuando el perro intenta andar, no hay más que Soy dolor, y cuando el pájaro trata de emprender el vuelo, solo hay No puedo.

Las cosas parecen ser distintas en nuestro caso. El hecho de que haya locuciones corrientes como «mi pierna», «mi ojo», «mi cerebro» en incluso «mi cuerpo» indica que creemos en la existencia de una entidad inmaterial, tal vez ficticia, que determina la relación de posesor respecto a poseído en lo que atañe a las «partes» del cuerpo e incluso su totalidad. O bien la existencia de tales locuciones demuestra que el lenguaje no tiene dónde agarrarse, no puede ponerse en marcha, hasta que ha dividido la unidad de la experiencia.

J.M. Coetzee

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EL ORIGEN DE LAS PALBRAS

Silencio: del latín silentium, relacionado con el verbo sileo (‘hacer silencio, callarse o callar’). Se cree que sileo significó originalmente, no tanto el silencio (en tanto que tranquilidad y ausencia de movimiento y ruido), sino, un modo de referirse a personas y a objetos inanimados como noche, mar, viento, etc. En su acepción moderna en castellano también significa falta u omisión de algo por escrito: El silencio de los historiadores contemporáneos. El silencio de la ley. Vemos por lo tanto que el significado de la palabra también esté asociado a la ausencia de algo, algo que por estar ausente o en en el pasado no se oye.

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UN TIPO

Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.

El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.

Fabio Rodríguez de la Flor