Lagunas en la red

Esta entrada la voy a dedicar a todos aquellos desaventurados que naufragan en este blog envueltos en un mar de dudas y, me temo, se quedan más o menos como estaban, porque es inexplicable la razón por la que Google los acerca hasta mí.

1. “no hay cubitos de hielo en francia”: Efectivamente, en Francia encontrar cubitos de hielo a la venta es una misión de alto voltaje.

2. “como actua el aceite en agua jabon”: Es bastante cabezón y se resiste a abandonar la fiesta.

3. “dualismo de felicidad y tristeza”: La puta montaña rusa v_^

4. “jaime sabines poemas eróticos”: http://amediavoz.com/sabines.htm

5. “personajes de la cosa mas dulce”: Tú lo que estás buscando es la escena del Glory Hole, no te engañes.

6. “roteñas desnuda”: Sigue rascando…

7. “catastrofe beckett”: De hecho, sí.

8. “situaciones de peligro con personas extraños”: Haz caso a mi padre y no te fíes de la gente que no bebe; algo tienen que esconder…

9. “chicas con ropa rosada”: ¿Qué fetichismo de mierda es ese?

10. “octubre mes sin dioses”: De buena tinta sé que dioses hay todos los meses (ver muestra más abajo), lo que pasa es que usté no sabe usar Google.

Ya a la venta los Dioses del Estadio 2013

DOMINGUS CLXIV

Mobiliario humano
David Blázquez

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Aquí, donde los hombres se sientan y oyen sus mutuos quejidos;
donde la parálisis agita algunas, tristes, últimas canas,
donde la juventud palidece, adelgaza como un espectro y muere;
donde tan solo pensar es estar lleno de tristeza.

John Keats, fragmento de Oda a un ruiseñor

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Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tus rodillas y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

Jaime Sabines, Diario semanario y poemas en prosa.

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Las fuerzas de la imaginación son, a la larga, las fuerzas del bien.

Vladimir Nabokov

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El erotismo no es sólo un deseo del cuerpo, sino también en la misma medida, un deseo del honor. La pareja que hemos logrado, la persona a la que le importamos y que nos ama, es nuestro espejo, la medida de lo que somos y lo que significamos. En el erotismo buscamos la imagen de nuestro propio significado e importancia. Sólo que para mi putita la cosa estaba complicada. Ella iba con cualquiera, así que había tantos espejos que la imagen que reflejaba era completamente confusa y ambigua. Y además, cuando uno va con cualquiera, deja de creer que una cosa tan corriente como hacer el amor pueda tener para él un verdadero significado. Así que se busca la significación precisamente en el lado opuesto. El único que podía darle a aquella putita la medida clara de su valor humano era el que la deseaba pero al que ella misma rechazaba. Y como naturalmente quería confirmarse ante sí misma como la más hermosa y la mejor, eligió con gran precisión y muchas exigencias al único que iba a honrar con su rechazo. Cuando finalmente optó por mí, comprendí que era un extraordinario honor y hasta hoy lo considero mi mayor éxito erótico.

Milan Kundera, El libro de los amores ridículos

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Self Un finished
Xavier Le Roy
(2:03 min)

[YOUTUBE=”http://www.youtube.com/watch?v=G3rv1TeVEPM”%5D

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—No hay salvación pues—, le dije.
—¿Salvación? Mire: ¿sabe cuánto tiempo tarda en descomponerse un cuerpo bajo tierra?
—Supongo que dependerá de la temperatura; en el Polo seguro que no se descompone nunca —contesté sin saber a qué venía la pregunta del párroco. Por unos instantes, al mirarle a los ojos, pensé que estaba loco.
—Sí, claro, depende de la temperatura, pero en un lugar como este ¿sabe cuántos meses tarda un cuerpo en dejar a la vista el esqueleto?
—Ni idea —reconocí.
—Diga algo —insistió.
—Dos años.
—Ni mucho menos. Nueve meses. ¿No le parece curioso? Toda una lección, ¿eh? El mismo tiempo que en componerse en las entrañas de la madre. Nueve meses. Siempre me ha apasionado este dato. Le he dado vueltas y vueltas al asunto. ¿Por qué nueve meses? ¿Qué nos quiere decir Dios con esto?
—¿Y a qué conclusión ha llegado? —le pregunté francamente interesado en sus conclusiones.
—Ah, hace mucho que llegué a una dolorosa conclusión. Dios es un invento de los hombres débiles. Seguramente lo inventaron unos monos en una noche de tormenta, con miedo a los relámpagos y a los truenos. Una criatura que nace del miedo y a la que nuestra desesperanza le exige favores. Un pseudónimo del azar, sólo eso.

Juan Bonilla, La noche del Skylab