El cuaderno de Bento

En El cuaderno de Bento, John Berger es fiel al estilo hermoso e inteligente del que ya os hablé la semana pasada.

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El contenido del libro es fiel a su título, a lo mejor no tanto en la traducción al español como en el original, Bento’s sketchbook, pues cada sección del libro es una combinación de ilustraciones bocetadas por Berger y de textos, más o menos breves, que desarrollan un tema asociado al dibujo, ya sea por anécdotas en torno a las personas retratadas (como el de una anciana de Camboya que tuvo que huir de su país cuando aún era muy joven y que conoció en la piscina a la que ambos solían acudir a ejercitarse y relajarse un poco -y no es de extrañar que Alfaguara haya optado por resaltarla en la reseña de la contracubierta, porque es realmente hermosa y emotiva-); como por ideas conectadas sobre conceptos algo más abstractos, como puede ser la necesidad de dibujar y los modos en los que él se plantea esa actividad, la facilidad que tiene la sociedad para aplacar sus propias revueltas, ayudadas por los mecanismos de los gobiernos o las formas posibles de narratividad que él encuentra conectadas con dos arquetipos de personalidad, o de forma de vida, la extravertida y la introvertida. Otros temas que aborda, tan típicamente suyos, son la estética, los modos de ver y, por extensión, los modos de narrar, la dignidad del hombre en la rebeldía y en la resignación, la identidad colectiva, las relaciones humanas, que están por desaparecer o la eternidad del presente y la fugacidad de la Historia.

Como podéis ver, se trata de un libro fragmentario aunque muy intenso. Es Berger tomando el té de las cinco mientras conversa con su lector, hace un repaso de su vida echando mano de sus recuerdos y de sus inquietudes más persistentes. Cada fragmento se lee de forma independiente, no tienen una cohexión necesaria sino que podrían estar intercalados de cualquier otra manera y, sin embargo, es la voz del autor la que le otorga una coherencia poderosa, porque la voz de John Berger, si bien amable y acogedora, no es complaciente ni vacía.

Pero esta voz se contrasta hábilmente con la del interlocutor de ultratumba, Benedict Spinoza (sí, ese filósofo que tanto le gustaba a Borges), de cuya Ética se intercalan breves fragmentos a lo largo del Cuaderno, y que sin duda son bastante más complejos y oscuros que la propia narración, pero que paradójicamente le aportan una luz al texto que no desvirtúa la intención del autor, que parece querer ceder su autoridad a un intelectual cuya obra trascendió una vida humilde y sin pretensiones.

El libro cuesta en papel 17,50 € y en ePub por 9,99 €, que yo creo que es un precio bastante razonable tratándose de una novedad recién salidita del horno.

Además, Alfaguara también permite leer las primeras páginas del libro (de todo lo que han ido publicado en los últimos años, de hecho). Si os interesa, os dejo aquí el enlace.

Aquí podéis ver un reportaje-entrevista que realizó la BBC en el 2011, cuando fue publicado en el Reino Unido:

Aquí podéis ver el trabajo fotográfico de Franck Courtès.

John Berger

John Berger por Franck Courtès

John Berger por Franck Courtès

A sus 86 años John Berger no deja de sorprendernos con la lucidez de sus palabras.

Un discurso que, si bien desarrolla pensamientos, conceptos, difíciles de perseguir, apoyándose a menudo en ideas de filósofos y otros teóricos de la cultura y la política de todos los tiempos, sabe hacer llegar de una forma luminosa y concisa, solo adornada con las historias de vida con las que las intercala o contextualiza (la variación depende del libro que tengamos entre manos), que son de una belleza esencial, por humilde y cotidiana.

En realidad John Berger es un maestro embaucador, un artista polivalente que se dirige a nosotros con esa mirada vívida y alegre, que nos pasea por una colección de paisajes tranquilos, de momentos de sobria emotividad, pero al mismo tiempo en sus palabras subyace una honda interpretación de las grandes preocupaciones de la sociedad que lo llevan a interrogarse constantemente sobre nuestra incapacidad de reaccionar ante las injusticias y la pérdida de valores a la que nosotros mismos nos obligamos, porque lo que en realidad nos gusta es, y volvemos al principio de este párrafo, pasar la vida contentos y en paz (de ahí la genialidad y la necesidad del engaño).

Esto es porque el londinense es uno de esos pensadores-escritores que, como Eduardo Galeano o Hans Magnus Enzenberger, no tiene pelos en la lengua y les da igual que les caiga un buen chaparrón de críticas, como le ha ocurrido al alemán con la publicación de su último libro, El gentil monstruo de Bruselas o Europa bajo tutela, en el que por lo visto (porque la verdad es que tras leer las críticas se me quitaron un poco las ganas de hacerme con el libro) arremete contra el modelo de la Unión Europea tanto por su inoperancia como por la pérdida de valores (culturales, económicos, etc.) nacionales que su evolución implica (si os interesa, podéis leer más al respecto en estas reseñas de El País y El cultural).

En su último libro, El cuaderno de Bento, del que os hablaré la semana que viene, el propio Berger hace un humilde homenaje a este tipo de autores honestos consigo mismos y con la sociedad a la que de alguna manera representan, tomando como referencia a la escritora india Arundhati Roy (de la que no he leído nada, por cierto, así que tendré que apuntarla en la lista de pendientes…):

Pienso en ti, Arundhati. Y, sin embargo, aquello contra lo que uno está previniendo, aquello contra lo que protesta, sigue actuando, libre, sin obstáculos, inexorable. Continúa irresistiblemente. Continúa como si hubiera un silencio permisivo que nadie se atreviera a romper. Continúa como si nadie hubiera escrito una palabra. De modo que uno se pregunta: ¿Valen algo las palabras? Y a veces uno debe encontrarse con una respuesta, algo así: Las palabras aquí son iguales a unas piedras que se les metieran en los bolsillos a una cuerda de presos antes de echarlos al río.

No es que sea experta en John Berger y que ni siquiera haya leído toda su obra (aunque en mi lista de deseos de Amazon están muchos de sus títulos, por si tenéis pensado hacerme algún regalito próximamente :P), pero quería recomendároslo porque, cuando un autor es honesto y coherente consigo mismo, no hace falta ahondar demasiado en su figura para saber lo que vas a encontrar, y estoy convencida de que cualquiera que tenga curiosidad por conocerlo no solo no se va a arrepentir, sino que se va a llevar una grata sorpresa.

Y como regalito especial, los cuatro capítulos del documental Ways of Seeing que dirigió y guionizó, junto a Mike  Dibb, para la BBC en 1972, y que dio lugar al libro del mismo título, Modos de ver, que, según leo en la Wikipedia, “marcó a toda una generación de críticos de arte, se ha convertido en libro de texto en las escuelas británicas y que tomaba prestadas muchas ideas de La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el artículo de Walter Benjamin de 1936″.

NOTA: cada episodio tiene cuatro partes, a las que podéis acceder en la misma página:

Episodio 1

Episodio 2

Episodio 3

Episodio 4