Excursión por Madrid

Ayer fuimos de excursión a Madrid, que es una de las cosas que más nos gustan porque siempre preparamos un montón de planes para aprovechar bien el día, aunque normalmente acabamos agotados después de tanto ir y venir a ritmo frenético, porque si hay algo que se nos da bien, y la gente con la que nos juntamos nos reprocha a menudo, es que caminamos ¡DEMASIADO DEPRISA! Y eso, lo queramos o no, acaba haciendo estragos a lo largo del día, por no hablar de los callos que se van formando en el meñique… (a mí, que él con sus zapatillas no tiene problema, pero ya sabéis que el índice de comodidad en calzado es inversamente proporcional a su gracia estética).

En Alcalá el día prometía ser cálido y soleado, pero a medida que nos acercábamos a la capital el cielo aparecía más y más nublado. De hecho, fue bajarse del autobús (nada de transporte privado, que estamos bastante concienciados con el ahorro energético y, además, preferimos gastar el dinerito en otros menesteres; véase: libros, comida y otros artefactos endiablados que almacenar entre mudanza y mudanza).

Lo primero fue dar un paseo, tomar unas cañas e ir a comer al restaurante thai Oam Thong, aunque hemos perdido varios puntos como bloggers y usuarios de instagram porque pasamos de hacerle fotos al restaurante ni a la comida. Descubrimos el sitio gracias a las ofertas de Groupon, con las que ya hemos visitado varios sitios bastante chulos y que tienen precios muy competitivos y, todo hay que decirlo, un gran servicio al cliente (tuvimos un problemilla con un restaurante que había cambiado de dueños y ya no aceptaban los cupones, y fue plantear la queja en el formulario de la web y la respuesta, con la respectiva devolución del dinero, fue cuestión de horas). De hecho, nuestro viaje a las Azores del año pasado lo contratamos a través de Letsbonus y además de salirnos muy majo de precio, no tuvimos ningún problema durante el viaje y el hotel era una maravilla, en pleno centro de la capital, Ponta Delgada (de hecho, este año no nos cogemos la oferta para visitar otra de sus islas  -Terceira, la que está mejor conectada vía ferry para visitar el resto- porque no sabemos en qué fechas tenemos las vacaciones este año, que si no…).

pollo al curry

Pollo al curry Jambalaya de los que nos marcamos en casa.

De lo que pedimos, todo a compartir para poder probar una variedad mayor de los platos que podíamos elegir en la oferta, lo que más me gustó fueron los satay de pollo (los trocitos de pollo están marinados con especias y leche de coco y los hacen a la barbacoa a modo de pinchitos, pero lo que le da el toque más especial, y los hace deliciosos, es la salsa de cacahuetes con la que van servidos, y que intentaremos replicar en breve) y las verduras al curry amarillo, aunque en mi opinión la textura de cada tipo de verdura no estaba especialmente bien conseguido.

Después fuimos de cabeza al Retiro, un lugar muy especial de Madrid que me gusta más y más con cada visita y, como todavía faltaba un rato para que abrieran las casetas de la Feria del Libro, decidimos cotillear en el Palacio de Velázquez a ver qué nos tenían preparado los del Reina Sofía. Y la verdad es que nos sorprendió mucho, para bien, así que esta misma semana os hablaré de la exposición de Cildo Meireles con más detalle porque merece la pena visitarlo, que además la entrada es gratuita. Una de las pocas cosas que van quedando gratis en Madrid, ahora que Caixa Fórum ha empezado a cobrar 4 euritos por visitar sus exposiciones.

Al salir, directos al Palacio de Cristal, al que no llegamos a entrar porque ya habíamos visto la exposición de Mitsuo Miura (¡y olé!) y que por cierto, no nos gustó nada de nada, tuvimos una magnífica visión, puro arte contemporáneo no sé si en el mejor o en el peor de los sentidos, pues al otro lado del lago estaba medio tumbada, pero mostrándose abiertamente, como si hubiera salido un esplendoroso sol y quisiera capturar toda su energía, una señora que no bajaba de los sesenta años ni de los noventa kilos, con sus luminosas carnes a la intemperie, recibiendo las gotas de lluvia que entonces empezaban a caer, sonriendo a todo aquel que se atreviera a mirarla. No sé qué hacía ni cuál era su motivación para exponerse de aquella forma, que yo desde luego no sería capaz de ejecutar, pese a la hermosura de su seguridad y calma, pero me dio mucho que pensar…

Y vaya, que esto me está quedando muy largo y es un poco tarde, así que la visita a la Feria del Libro os la cuento mañana, que también da para largo…

Museo del Prado

Ayer estuve por primera vez (sí, es para sentirse avergonzada y sonrojarse…) en el Museo del Prado, aprovechando que un día de principios de agosto entre semana no suele haber demasiada gente por Madrid, por el inmódico precio de ocho euros (una rebajita para los residentes en la Comunidad no vendría mal para estimular las visitas autóctonas…), lo cual puede bien explicarse porque no no ingresen lo suficiente en la tienda de chuminadas, que es bastante cutrecilla y poco imaginativa (no les pido que visiten Versailles o el Louvre para tomar ideas, pero hasta el Thyssen y el Reina Sofía lo hacen mucho mejor y los turistas siempre son pródigos en dejarse dinerito en artefactos bonitos o ingeniosos para recordar y regalar).

Por no hablar de cómo está dispuesta la colección permanente, que es un poco tediosa de seguir y da saltos temporales del siglo XVI al XIX y en la siguiente planta están el XVII y el XVIII (?), por no decir que para ver la obra completa de Goya tienes que visitar tres plantas diferentes. Menos mal que me acompañaba El espía del bar, que es un hombre de recursos y siempre tiene un montón de historias y anécdotas que contar al respecto de los cuadros que íbamos viendo.

Y ni siquiera tienen un plan de actividades lo suficientemente interesante, abundante o frecuente como para plantearse estar al día.

Aún así, pasé todo el día en su interior (salvo una paradita por Huertas para tomar unas cañitas en La Dolores) y no nos saltamos ni una sala.

Sin duda es un museo en el que hay grandes obras y, además, la pintura invitada de esta temporada es el Descendimiento de Caravaggio, que han traído de los Museos Vaticanos con la excusa de que el señor malo que dirige ese pequeño Estado va a estar por Madrid estos días.

Además, es divertido encontrar imágenes perturbadoras como la que aparece en Ofrenda a Venus, de Tiziano, en la que se ve claramente como un amorcillo está violando a un conejo:

Y un montón de hombres que bien habrían podido aparecer entre Los dioses del estadio como los currelas de La fragua de Vulcano de Velázquez o el cristo stripper de Sebastiano del Piombo.