La ópera de los tres reales

El próximo jueves voy a la representación de Ópera dos tres reás, la recién estrenada nueva propuesta del Centro Dramático Galego dirigida por el siempre sorprendente e ingenioso Quico Cadaval, que el pasado año se atrevió con un collage shakespeariano de lo más irreverente con el que ganó el premio Max al mejor autor teatral en gallego.

Puesta en escena de Ópera de los tres reales (fotografía de Francisco Arnoso)

Esta adaptación de La ópera de los tres centavos de Berltot Brecht y Kurt Weill (cuya colaboración fue breve y problemática, aunque intensa y de resultados excepcionales), en palabras de Cadaval, «es muy leal al texto de 1927, huye de las didácticas y deja al público que establezca sus propias analogías» [en RTVE], lo que, pese a la supuesta innovación de dicha interpretación, supone un respeto fiel de la intención original del autor, que siempre trató de crear un distanciamiento profundo con el público mediante diversos mecanismos dramáticos que detengan el ritmo normal de la escena (con largos soliloquios, la inclusión de piezas musicales, la caracterización exagerada de los personajes, altas dosis de humor, etc.) para potenciar su espíritu crítico, en una época en la que el teatro de moda pretendía todo lo contrario, esto es, se pensaba de una manera realista a fin de que el espectador pudiera sentirse parte de la obra, tal y como se quejaba Roland Barthes en un artículo de 1955: «primacía de lo psicológico, reducción del mundo a los problemas del adulterio o de la conciencia individual, arte verista en el vestuario, interpretación mágica del actor, escenario cerrado como un dormitorio o un calabozo, público convertido en espectador pasivo».

Fuera de Galicia la obra se representará en castellano, aunque afortunadamente han decidido mantener en gallego los textos de las piezas musicales, que parece mentira que estemos acostumbrados a tragarnos obras en sueco o húngaro con sobretítulos y seamos incapaces de tolerar un montaje en una lengua que nos toca tan de cerca.