05 TEA

Esa mierda de sentimiento me invade de nuevo. ¿Qué estás haciendo?, me pregunta la maldita voz, ¿qué estás haciendo ahora con la vida?. “¿Con la mía?” No, no, ¿qué estás haciendo con mi vida? Porque si no lo recuerdas, bonita, tú solo vives para alimentarme, para darme alas en “esta cerrazón hostil de la que soy presa y aliviar mi desasosiego. “¡Cómo te atreves!”. Tú hazme caso y todo irá bien, recuerda a Beckett, ya te lo he advertido antes, no olvides a Beckett y todo irá bien. ¿Qué tiene que ver Beckett en todo esto?”. No lo sé, no lo sé. Eres tú la que lo metiste en mi vida. Tú me perturbas con todas esas ideas y nombres y yo me encargo de darles forma y color, les doy salida como me viene en gana y tú obedeces. “Pues veamos lo que él tiene que decir”:

BECKETT desde PARÍS: «No se me ve, no se ve lo que hago, no se ve lo que tengo, y se dice, no da paso a nada, a nada tiene que dar paso, todo se encuentra en su cabeza. Ya no protesto, ya no digo nada. No hay nada en mi cabeza. Ya no respondo. Doy paso y corto.» (1)

Beckett ha fundido la maldita voz, pero su desasosiego permanece conmigo. Ya nadie queda para presionarme, pero tampoco nadie ya se hace cargo de lo que preferiría olvidar. ¡Beckett, Beckett!, si no pudiste con tu vida, ¿por qué recurro a ti para salvar la mía?

BECKETT fumando un puro: «Te cansarás de mí. Me abandonarás.» (2)

Pero hasta que te olvide, y mientras no vuelva la voz de las narices, a la que por otra parte preferiría no escuchar por un tiempo, no me queda más remedio que seguir tus consejos… aunque sean pésimos. Aunque en realidad ya tengo quien me dé consuelo, quien me escuche, porque tú, Beckett, no escuchas y quieres hacernos callar, ¡a todos!, ¡pero si tú eres el primero que raja y raja sin parar! ¡Beckett! Y él está vivo y tiene la piel caliente, y me escucha, y cuando soy yo la que no quiere hablar ni escuchar, él no hace nada, solo mira y calla, y sonríe y entiende, y todo eso que él no hace o todo lo que él hace, sí que me alivia. Con él tengo la cabeza tranquila y puedo levantar la mirada y pensar sin dolor en el horizonte.

BECKETT desde su TUMBA: «¡Vaya por Dios! ¡Lo que hay que oír! ¡Levantar la cabeza! ¿Dónde crees que estamos? ¿En la Patagonia? ¡Levantar la cabeza! ¡Vaya por Dios! (Pausa.) Bien. Ya tenemos aquí nuestra catástrofe. Una vez más y me largo.» (3)

Sí, Beckett, será mejor que te marches. Échate un sueñecito, que aquí no se te necesita. Él está sonriendo de nuevo.

(1) Samuel Beckett. Cascando: pieza radiofónica para música y voz.
(2) Samuel Beckett. Comedia: obra en un acto.
(3) Samuel Beckett. Catástrofe.

Las fotografías son de Mark Laita.

e ti estás alí
cós ollos pechados
a man dereita no peito
seica queres dicir algo
mais so es capaz de chorar

eu entendo ben teus argumentos
escoitoos todos os días, sempre iguais,
sempre cheos de silencios
todos os silencios que acumulas e enchean teus beizos

todos os silencios converticheos en morte
e so fuches capaz de chorar