Jorge Guillén

Círculo

haciendo círculos perfectos

Nos ahogas, cruel inmensidad.
Soñemos, alma, perfección de círculo.
Es el gran salvavidas. Respirad.

Jorge Guillén

La poesía de Jorge Guillén destaca por su luz y su buen humor.

Os invito a darle una oportunidad a Jorge Guillén, uno de los poetas más olvidados de la generación del 27, admirable explorador y arquitecto de la poesía pura, en la línea de Juan Ramón o Paul Valéry.

Yo he tenido la grata oportunidad de acercarme a él gracias a un trabajo del máster al que pongo hoy mismo el punto final (al trabajo, del máster aún me quedan unos meses), con el que he disfrutado muchísimo, aunque ha sido bastante arduo porque para hacerlo he tenido que leer TODA su obra poética.

#Poema_del_Domingo #Domingvs

DOMINGVS CLIX

Atardecer de otoño
Emil Nolde 

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Depende de quién pasa
que sea tumba o tesoro.
Amigo, no entres sin anhelos.

Paul Valéry

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La danza corre el riesgo de disolverse si continúa narcisistamente contemplándose a sí misma. La danza contemporánea ha encontrado una renovadora vertiente abstracta y expresionista, ampliando así sus fronteras, dejando de ser un género teatral diferenciado, para constituirse en una manifestación más de los procesos de hibridación propios de la sensibilidad postmoderna. Las fronteras entre teatro, plástica, danza y literatura se difuminan en un espejo que le devuelve su imagen ampliada y, hasta cierto punto deformada de sus propios orígenes siendo y no siendo ballet, siendo y no siendo teatro, plástica, danza literatura e incluso filosofía.

Pina Bausch precozmente rupturista, testigo de una época desgarrada, donde con la devastación de los cimientos desaparece también el suelo de nuestras certezas más sagradas, se sitúa en la primera fila de la escena de avanzada, desde donde, reinventando el movimiento primigenio de la danza, reducida a los pocos movimientos posibles para una época crítica, actúa impulsada por un afán de acotar —en un ajuste de cuestas con las categorías impuestas del buen gusto y la belleza— los modelos canonizados del «cuerpo ideal» para mostrar una realidad heterogénea en la que el movimiento adquiere un enorme poder trasgresor.

Adolfo Vásquez Rocca, Pina Bausch; Danza Abstracta y Psicodrama Analítico

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Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.

Pablo Neruda

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EL ORIGEN DE LAS PALABRAS

Cacahuete: del náhuatl tlalcacahuatl y este de tlalli, “tierra, suelo”, y cacahuatl, “cacao”, cacao de la tierra. La terminación nahua -atl pasa al español como -ate (de tomatl se obtiene tomate; de ahuacatl, aguacate, etc.); así que lo que cabría esperar de cacahuatl es cacahuate o cacaguate y, efectivamente, la primera forma documentalmente atestiguada (en 1653) de la que tenemos noticia es cacaguate; pero una curiosa interferencia con el popular término alcahuete (hasta producir incluso la confusión: alcahué en Madrid y alcahuete en Cuenca se ha llamado, según Corominas, al ‘cacahuete’) le impuso su similicadencia. En cualquier caso, el cacahuete es una planta fibrosa, originaria de América que llega a medir de 30 a 50 cm de altura. Los frutos crecen bajo el suelo, dentro de una vaina leñosa redondeada que contiene de dos a cinco semillas. Al ser su fruto una cáscara leñosa sin pulpa, se lo considera un tipo de fruto seco. El cacahuete fresco contiene un 35% de proteínas y un 40-50% de grasas, y es un alimento verdaderamente nutritivo y calórico que se consume tostado y salado o cocido.

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Alargó el brazo para alcanzar el mapa de carreteras del salpicadero, pero lo detuvo un momento, desorientado, para explorar maquinalmente con la punta de los dedos, a lo largo de la prominencia del caucho, un vacío inesperado; y con aquel rápido y vivaz palpar de ciego, una iluminación le hizo percibir a la vez el sitio vacío y a Irmgard, que saltaba de pronto a su lado como si la hubiese tocado con una varita mágica, en aquella postura completamente desenfadada y varonil que a él le gustaba y que lo escandalizaba un poco, y a la que ella se dejaba siempre arrastrar cuando circulaban bajo el sol en medio de los campos; dejando resbalar la riñonada hacia la parte anterior del asiento, con la cabeza algo vencida hacia atrás, sacudiendo la mata de claros cabellos por encima del respaldo, igual que ropa colgando de un balcón, con las rodillas dobladas arremangando sobre los muslos el vestido de hilo, los pies desnudos en lo alto del salpicadero —oyó el ruido del gozoso tamborileo que, sin dejar de atender a la carretera, ejecutaba sobre el muslo desnudo y que acompañaba con el preceptivo “¡nada
decente!”— la réplica, no menos preceptiva, emitida con un mohín de colegiala redicha desde el fondo de la guarida de rubios cabellos enmarañados de donde sólo asomaba la punta de la naricilla, réplica con la que siempre le entraban unas ganas enormes de besarla.

Julien Gracq, La península