Cildo Meireles

Como os decía el domingo, entre las actividades del casi-lluvioso sábado aprovechamos nuestro paseo por el Retiro para visitar el palacio de Velázquez, sin saber siquiera si habían cambiado la exposición anterior, que no nos había convencido demasiado. Curiosos somos un rato así que, cuando se trata de una exposición gratuita, solemos entrar sin pensárnoslo porque para salir siempre hay tiempo y una no sabe cuándo se va a topar con algo que merezca la pena.

Olvido (1987-1989)

Olvido (1987-1989)

En esta ocasión tuvimos suerte y Cildo Meireles resultó ser un artista cuya obra es bastante interesante (si queréis leer el folleto editado por el MNCARS), no solo por la crítica social que hace, sobre todo en cuanto a la sociedad actual y cómo ha ido relegando al olvido su riqueza cultural y étnica a una mera anécdota que aporta colorido a la exuberancia habitual que nos neutraliza, sino que algunas de sus obras permiten, BUSCAN, la participación del visitante, que deja de ser un simple espectador para convertirse en actor de las diferentes propuestas. La reflexión inducida por la acción, no parece una mala idea, especialmente en momentos en los que nos paramos ante cada bodrio que no hay por dónde cogerlo. Sin embargo, creo que contaros algo acerca de ella puede reventar el gusto de quienes tengan la oportunidad de acercarse a la exposición, así que, como si se tratara de una conversación sobre El sexto sentido, no os revelaré que Bruce Willis en realidad estaba muerto.

Amerikka (2013)

Amerikka (2013)

No obstante, otras obras son presentadas de manera más ortodoxa, para su simple contemplación, aunque en el caso de Amerikka, por ejemplo, que está formada por una plataforma con varios centenares de huevos de madera pintada y otra plataforma, colgante, cubierta por otras tantas balas de diferentes calibres, una no puede dejar de imaginarse la sensación de estar tumbada sobre la parte inferior y sentir la angustia y la fascinación por la amenaza de acabar atrapada entre ambas planchas. Una propuesta esencialmente poética para identificar los extremos del espíritu estadounidense, tan puritano y agresivo al tiempo.

Street Vendor (1998)

Street Vendor (1998)

Otras obras son más inocentes, diminutas, como este vendedor ambulante que apenas levanta unos centímetros del suelo, que llama a recostarnos, desde diferentes ángulos, para poder contemplarla mejor, para captar su riqueza; o más inquietantes, como los billetes estampados con la leyenda Quem matou Herzog? (en alusión a Vladimir Herzog, periodista acusado de comunista, cuya muerte en una cárcel de São Paulo ocasionó una gran conmoción e indignación entre los brasileños), que ahora se muestran en galerías y museos pero en su momento estaban en circulación, con el que Meireles expresaba su crítica a la dictadura militar brasileña y revindicaba su visión del arte como medio democratizador de la información y de la sociedad misma.

Quem matou Herzog) (1975)

Quem matou Herzog? (1975)

Lo que todas tienen en común es el encanto de su sencillez y sobriedad. Lo que más me gusta de Meireles es que no lanza su obra desde un pedestal, sino que consigue que te sientas cómodo y cercano a su trabajo, que lo disfrutes y tengas ganas de más, y ese es el mejor resultado que todo artista puede desear.

Excursión por Madrid

Ayer fuimos de excursión a Madrid, que es una de las cosas que más nos gustan porque siempre preparamos un montón de planes para aprovechar bien el día, aunque normalmente acabamos agotados después de tanto ir y venir a ritmo frenético, porque si hay algo que se nos da bien, y la gente con la que nos juntamos nos reprocha a menudo, es que caminamos ¡DEMASIADO DEPRISA! Y eso, lo queramos o no, acaba haciendo estragos a lo largo del día, por no hablar de los callos que se van formando en el meñique… (a mí, que él con sus zapatillas no tiene problema, pero ya sabéis que el índice de comodidad en calzado es inversamente proporcional a su gracia estética).

En Alcalá el día prometía ser cálido y soleado, pero a medida que nos acercábamos a la capital el cielo aparecía más y más nublado. De hecho, fue bajarse del autobús (nada de transporte privado, que estamos bastante concienciados con el ahorro energético y, además, preferimos gastar el dinerito en otros menesteres; véase: libros, comida y otros artefactos endiablados que almacenar entre mudanza y mudanza).

Lo primero fue dar un paseo, tomar unas cañas e ir a comer al restaurante thai Oam Thong, aunque hemos perdido varios puntos como bloggers y usuarios de instagram porque pasamos de hacerle fotos al restaurante ni a la comida. Descubrimos el sitio gracias a las ofertas de Groupon, con las que ya hemos visitado varios sitios bastante chulos y que tienen precios muy competitivos y, todo hay que decirlo, un gran servicio al cliente (tuvimos un problemilla con un restaurante que había cambiado de dueños y ya no aceptaban los cupones, y fue plantear la queja en el formulario de la web y la respuesta, con la respectiva devolución del dinero, fue cuestión de horas). De hecho, nuestro viaje a las Azores del año pasado lo contratamos a través de Letsbonus y además de salirnos muy majo de precio, no tuvimos ningún problema durante el viaje y el hotel era una maravilla, en pleno centro de la capital, Ponta Delgada (de hecho, este año no nos cogemos la oferta para visitar otra de sus islas  -Terceira, la que está mejor conectada vía ferry para visitar el resto- porque no sabemos en qué fechas tenemos las vacaciones este año, que si no…).

pollo al curry

Pollo al curry Jambalaya de los que nos marcamos en casa.

De lo que pedimos, todo a compartir para poder probar una variedad mayor de los platos que podíamos elegir en la oferta, lo que más me gustó fueron los satay de pollo (los trocitos de pollo están marinados con especias y leche de coco y los hacen a la barbacoa a modo de pinchitos, pero lo que le da el toque más especial, y los hace deliciosos, es la salsa de cacahuetes con la que van servidos, y que intentaremos replicar en breve) y las verduras al curry amarillo, aunque en mi opinión la textura de cada tipo de verdura no estaba especialmente bien conseguido.

Después fuimos de cabeza al Retiro, un lugar muy especial de Madrid que me gusta más y más con cada visita y, como todavía faltaba un rato para que abrieran las casetas de la Feria del Libro, decidimos cotillear en el Palacio de Velázquez a ver qué nos tenían preparado los del Reina Sofía. Y la verdad es que nos sorprendió mucho, para bien, así que esta misma semana os hablaré de la exposición de Cildo Meireles con más detalle porque merece la pena visitarlo, que además la entrada es gratuita. Una de las pocas cosas que van quedando gratis en Madrid, ahora que Caixa Fórum ha empezado a cobrar 4 euritos por visitar sus exposiciones.

Al salir, directos al Palacio de Cristal, al que no llegamos a entrar porque ya habíamos visto la exposición de Mitsuo Miura (¡y olé!) y que por cierto, no nos gustó nada de nada, tuvimos una magnífica visión, puro arte contemporáneo no sé si en el mejor o en el peor de los sentidos, pues al otro lado del lago estaba medio tumbada, pero mostrándose abiertamente, como si hubiera salido un esplendoroso sol y quisiera capturar toda su energía, una señora que no bajaba de los sesenta años ni de los noventa kilos, con sus luminosas carnes a la intemperie, recibiendo las gotas de lluvia que entonces empezaban a caer, sonriendo a todo aquel que se atreviera a mirarla. No sé qué hacía ni cuál era su motivación para exponerse de aquella forma, que yo desde luego no sería capaz de ejecutar, pese a la hermosura de su seguridad y calma, pero me dio mucho que pensar…

Y vaya, que esto me está quedando muy largo y es un poco tarde, así que la visita a la Feria del Libro os la cuento mañana, que también da para largo…