DOMINGVUS CCXI

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Me habéis robado el silencio
Hegard Demetz

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LA MUERTE DE OTRO PERRO

Llevaba días muriendo la pobre y vieja perra, su espalda atenazada hasta la espina
y arqueada para aliviar el dolor,
sus riñones secos, su hocico blanco.
Finalmente me llevé una pala al bosque y le cavé una tumba

en preparación para lo seguro.
Ella me acompañó, yo no lo esperaba.
De hecho, con los niños fuera,
estas expediciones eran escasas, y la perra
esterilizada de joven, desconocía la palabra no humana para el amor.

Consiguió que sus patas rígidas trotaran y meneó su rabo doblado.
Encontramos un lugar que nos gustaba, donde los pinos se encontraban con el campo.
El sol calentaba su pelaje mientras daba cabezadas y yo cavaba;
le tallé un lugar seguro mientras ella me protegía.

Medí su longitud con el mango de la pala;
se espabiló divertida, y olisqueó el montón de tierra.
De vuelta en casa parecía más animada
pero tuvo acadas comiendo. Llamamos al veterinario unos días más tarde.

Eran viejos amigos. Ella le dio la para, y él
le inyectó un fluido violeta. Se desmayó en la hierba;
vimos su respiración acelerada ralentizarse y cesar.
En la carretilla, de camino al agujero, su pelaje cálido brillaba.

John Updike

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El fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando.

Miguel de Unamuno

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Nos referimos a «el perro con la pata dolorida» o «el pájaro con el ala rota», pero ni el perro ni el pájaro piensan en sí mismos de ese modo. Cuando el perro intenta andar, no hay más que Soy dolor, y cuando el pájaro trata de emprender el vuelo, solo hay No puedo.

Las cosas parecen ser distintas en nuestro caso. El hecho de que haya locuciones corrientes como «mi pierna», «mi ojo», «mi cerebro» en incluso «mi cuerpo» indica que creemos en la existencia de una entidad inmaterial, tal vez ficticia, que determina la relación de posesor respecto a poseído en lo que atañe a las «partes» del cuerpo e incluso su totalidad. O bien la existencia de tales locuciones demuestra que el lenguaje no tiene dónde agarrarse, no puede ponerse en marcha, hasta que ha dividido la unidad de la experiencia.

J.M. Coetzee

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EL ORIGEN DE LAS PALBRAS

Silencio: del latín silentium, relacionado con el verbo sileo (‘hacer silencio, callarse o callar’). Se cree que sileo significó originalmente, no tanto el silencio (en tanto que tranquilidad y ausencia de movimiento y ruido), sino, un modo de referirse a personas y a objetos inanimados como noche, mar, viento, etc. En su acepción moderna en castellano también significa falta u omisión de algo por escrito: El silencio de los historiadores contemporáneos. El silencio de la ley. Vemos por lo tanto que el significado de la palabra también esté asociado a la ausencia de algo, algo que por estar ausente o en en el pasado no se oye.

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UN TIPO

Era bastante imbécil. Trabajaba en uno de esos parques temáticos. En invierno se vestía de Silvestre y en verano de Piolín. Los psiquiatras le diagnosticaron síndrome de doble personalidad. Era bastante imbécil. Sonreía dentro de la careta cuando le hacían una foto. Murió el año pasado. Un chaval precoz de once años con pelo largo y ojos guionados le prendió fuego a la poliamida con la punta de un cigarro.

El pobre imbécil se pasaba la mitad de un año persiguiendo y la otra mitad perseguido, la mitad de un año de blanco y negro y la otra mitad amarillo y naranja. Cada uno de esos trajes representaba una personalidad y una temporada, igual que el olor a pipas impregnaba sus tardes de domingo. Su pobre mujer guarda el único traje de trabajo dentro del ropero, en un sepulcro hecho con miles de bolitas de alcanfor, como si fuera un monumento marca ACME. Murió en verano, así que es Silvestre el que yace en el armario.

Fabio Rodríguez de la Flor

e ti estás alí
cós ollos pechados
a man dereita no peito
seica queres dicir algo
mais so es capaz de chorar

eu entendo ben teus argumentos
escoitoos todos os días, sempre iguais,
sempre cheos de silencios
todos os silencios que acumulas e enchean teus beizos

todos os silencios converticheos en morte
e so fuches capaz de chorar